Hay quienes lo dejan todo, se transportan, se largan, huyen ¿Pero a dónde van?, ¿a qué mundo huyen? No se cómo llamarán estas personas a estos lugares de retiro, pero deben parecerse a algunos que ya visité. Además, ¿huyen de miedo o por qué no quieren estar aquí? Me inclino más por la segunda opción, y es que ante la forma como la realidad puede llegar a oprimirnos, atormentarnos, estresarnos u ofuscarnos  el escape aparece como una solución muy razonable y deseable. Albert Einstein escribió alguna vez que el arte y la ciencia eran dos de las formas más sublimes de escapar de la realidad que los seres humanos habían ideado. 

 

 

La razón por la que comparto un extracto de la vida de François Truffaut hecha cine, es porque en esta película se retrata muy bien el escape. Y es que Antoine, el niño del video, después de verse avasallado durante mucho tiempo por la sociedad que lo trajo al mundo, decide rebelarse contra lo que parecía su destino y escapar; fugarse del reformatorio y conocer el mar que tanto anhelaba ver. Ser uno con la naturaleza. Libre como el mar.

 Pero todo esto lo escribo porque la misma sensación de libertad que pude ver lograr en Antoine la sentí hace unas horas viendo desde mi cama a unos chicos cantar y tocar sus instrumentos con una vehemencia incomparable, que parecía provenir de un deseo suyo de emanicipación con cualquier normativa para crear música. Así, desde mi perspectiva, abanderan un proceso creativo que no admite condiciones.

Los chicos de Dead Weather, de los que ya he tenido el gusto de escribir, no dejan de perturbarme, entran muy dentro de mí y sacuden cualquier orden establecido. Cuando veo su performance y escucho sus melodiosas voces y sonidos instrumentales avisto como dejan este mundo de terrícolas, distanciandose de estos que solo les ofrecen maquillaje y competitividad, para entregarse a su música, que es su mundo.

“Todo tiene su final, nada dura para siempre”, y es que al termino de los 5, 7, 10 o más minutos que duran sus composiciones, nos vuelven su mirada y bajando lentamente, se disponen a aterrizar. Manejan a perfección esta transición, de pasar de un estado ideal o “mundo de las ideas” a otro que si bien es cierto no dominan, saben llevar muy bien. 

 

Alison Mosshart con la libertad a flor de piel.

 

White, Mosshart, Lawrance y Fertita han adquirido un estilo, que dicen ellos nació espontanamente; desde mi punto de vista un estilo oscuro por fuera pero lumínico por dentro. Siento en ellos una sinceridad descomunal para con su arte, reflejada en su originalidad, muy distinta de la extravagancia que no siento sea su estandarte, ni su acicate a la hora de componer.  

 

 

Chau chau.

Miguel

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