Ghinzu es una banda de rock alternativo conformada por cinco chicos de Bruselas, que desde hace once años vienen iluminando la escena indie belga. 

Entre los ingredientes principales de su sonido, sumergido junto al ruido y la histeria, en la probeta de ensayo que es Ghinzu, encontramos a  la amistad, elemento que ha prevalecido entre sus integrantes y que ha sido el causante  de un producto armonioso y eufórico, que oídos habituados al buen indie sabrán advertir. 

La banda posee un nombre que imita al de una marca japonesa de cuchillos, de famoso eslogan: “cuanto más se usa, más  se afila”; mismo lema que a lo largo de los últimos años han sabido adherir a su personalidad como grupo musical. Y es que después de tres álbumes en su haber, han recibido  la atención de los medios de comunicación europeos, que en un principio les fue esquiva. Lográndolo en base a “afilar” cada vez más su propuesta artística.

Bajo, guitarra, batería, contrabajo, piano y sintetizadores son algunos de los instrumentos que producen el sonido, tan relajado y fresco como crispado y enérgico, de sus composiciones que siempre gozan de un estilo innovador y creativo; el mismo del que se ha valido la banda belga para conectar con sus seguidores de todo el mundo.

La música de Ghinzu se puede describir como noise-pop. La parte rítmica tiene el contraste perfecto con los sonidos producidos por la guitarra y el contrabajo. Así también, contiene los elementos básicos del pop: baladas de piano, distorsiones armónicas, melodías no-wave, ritmos apasionados y ganchos melodramáticos únicos. Gracias a esta experimentación, han logrado su estilo innovador al cual acompañan, además, las letras llenas de humor y sarcasmo, el pop de velocidad y por supuesto… el ruido.

Llevan a cabo una orquestación nada convencional, por la que utilizan  instrumentos en aparente disonancia, logrando sonoridades inusuales y ruidos futurísticos. Todo esto se ha ido consiguiendo gracias al “juego creativo”, del que son defensores, para cuando de componer se trata. Esta es la música moderna y, como toda la música nueva, posee en su núcleo una forma innovadora para redefinir la manera de hacer y escuchar música.

John Stargasm, vocalista y líder de la banda, ha afirmado en muchas ocasiones que todos en el grupo son autodidactas, que ninguno es músico profesional, que tocan guiados por el instinto y que no se preocupan por los ingredientes que deben tener sus canciones para lograr un reconocimiento que, por cierto,  no les quita el sueño. Se trata de una banda que cultiva el arte de “no tomarse en serio”. Se divierten tanto como cuando, todavía sin fama, se reunían en la casa de uno de ellos para tocar los fines de semana como un pasatiempo. Ahora realizan giras por Europa y se presentan en festivales muy aclamados de la música Indie, ajena al mainstream.

 

 

Kill the Surfers es su nuevo video musical, y ha sido desarrollado por Atelier Collectif, de la productora belga Zorobabel, y co-dirigido por el cineasta William Henne. Éste muestra una planta de reciclaje enterrada en un vertedero, en la que de los diversos residuos tratados y sometidos a una metamorfosis asombrosa, se desprende la propia vida humana.

La historia se desarrolla en el subsuelo, a donde la basura debe llegar. Así, ésta es arrojada por unos robots, a través de unas fosas del vertedero que llevan a una red laberíntica provista de engranajes, que trasladan la basura hasta la planta de reciclaje. Entre los residuos de la sociedad industrial se encuentran discos de vinilo, cintas de VHS, juguetes, revistas y diversos objetos residuales que se destruirán, se licuarán y se convertirán en un material amorfo que servirá de materia prima para la creación de un hombre nuevo. Quien una vez terminado, es presentado ante una multitud enardecida de un teatro que lo recibe con ovaciones.

“Mata a los internautas/surfistas” retrata al hombre de nuestro siglo como un consumidor empedernido, más preocupado por las formas y las superficialidades que por su condición de ser humano y su responsabilidad como ser gregario. Metafóricamente expresa también, que el hombre es finalmente lo que consume, y esto no lo hace precisamente mejor. Simboliza, además, la necesidad que muchas personas tienen por ser reconocidas en su entorno, pero no a partir de sus capacidades, sino más bien por las cosas que son capaces de adquirir con el dinero. Refleja pues, la sed de espectáculo que a muchos hombres gobierna.

La peculiaridad del videoclip se encuentra en su proceso creativo: se hizo sin ningún escenario real. El equipo del taller recopiló una serie de piezas de distintos lugares para construir una máquina recicladora de forma improvisada y desarrollar la historia a medida que la iban diseñando.

 

 

El videoclip fue presentado en la 18va. edición del Festival Internacional de Animación de Brasil (“Anima Mundi”), al cual tuve la buena suerte de asistir. Aquella vez, hacía en Río un día frío y lluvioso (contrario a la imágen que quizás muchos tengan del país de la samba y el forró), poco propicio para un paseo por la costa botafoguense, cercana a mi hospedaje, y más bien muy aprovechable para conocer la movida cultural carioca, muy a pesar del clima.

Saludos,

Miguel 

 

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